Escuela Normal Superior Farallones de Cali

La Escuela Normal se creó en 1936 como un “Colegio Público de Enseñanza Secundaria”, a través de la Ordenanza No. 20 de la Asamblea Departamental, que dio nacimiento igualmente a la Escuela Anexa, con el nombre de “República de Panamá”.

Un año más tarde, el colegio inició sus labores con 188 alumnas, en su mayoría consideradas como “niñas de clases acomodadas.” Solo aproximadamente tres décadas después, por disposición gubernamental, abrió sus puertas a otros sectores sociales de la población. Estas niñas que “sí ingresaban para ser maestras y por lo tanto espejos de la sociedad”, recibían una formación que las habilitaba para un desempeño acorde con la concepción que se tenía en la época del ejercicio magisterial, la cual incluía, por ejemplo, recibir clases de piano y culinaria.

La institución se inició con los grados sexto, séptimo  y octavo, presentando en el tiempo un aumento sostenido de estudiantes, el cual se acentuó notoriamente en la década de los 60.  En los primeros años de los 80 la cifra empezó a estabilizarse y luego inició su descenso, fenómeno que a grandes rasgos reflejaba los cambios que vivían el país e inclusive América Latina, asociados, entre otras, con la masificación y la privatización de la educación. Cuando se definió la relación de la Normal con la Escuela Anexa, se registró una amplia compensación en materia de cobertura, originada al contabilizarse como alumnos suyos los del preescolar y la primaria.

En la planta de cargos con la cual inició labores la Normal, además de los maestros y del personal administrativo, se disponía de personas que trabajaban en el internado, a quienes les correspondía desempeñarse como, “camareras, lavaplatos, despenseras, etc.” Cabe notar que el gran peso de esa planta, mayor aún que el número de maestros con que contaba la institución, correspondía a este tipo de cargos. No hay que olvidar que la Normal de la época formaba tanto en las aulas como a través del internado, cuyo papel se orientaba  a resolver no solo un problema de alojamiento, sino también de educación.

En el primer año de funcionamiento, de 188 alumnas matriculadas, 23 desertaron y 62 “perdieron el año” es decir que casi la mitad del alumnado de la Normal, no contribuyó a engrosar los indicadores de aquello que posteriormente se llamaría la “eficiencia interna del sistema educativo”. Con el tiempo, en la Normal, estos indicadores sufrieron un descenso progresivo de enorme significación, que si bien podría entenderse de manera exclusiva como mejoramiento cualitativo, también es un producto de las políticas estatales (efecto de las tutelas), políticas del sector (efectos de la promoción automática y de las formas de evaluación), sin contar con las condiciones sociales.

Casi por una década la Normal ocupó un edificio ubicado en un lugar central de la ciudad (carrera 1 con calle 15), ahora transformado. En 1946 empezó a trabajar en las instalaciones actuales, consideradas en su momento “la segunda construcción moderna en Cali“, y como tal, “monumento arquitectónico de la ciudad”. Vale la pena señalar que las aulas eran uno más de los espacios tan diversos con que se contaba: zoológico, jardines y oficinas para personal especializado (odontólogo, médico), y un restaurante, entre otros.

Ahora bien, cabe destacar que el entorno social de la Normal siempre ha representado dificultades puesto que, desde su origen y en forma progresiva, uno de los barrios que la circundan, el Nacional, presenta un deterioro social expresado en vandalismo, drogadicción, robos, peleas, hechos de los cuales la institución ya ha sido víctima.

El aporte gubernamental jugó durante varias décadas un papel de importancia en el mejoramiento de las condiciones locativas de la Normal, en cuanto a becas y recursos adicionales para el sostenimiento del internado de profesores provenientes de otras ciudades o departamentos, en su condición de “nacionales” y para la compra de buses. Igualmente importante fue el rol que desempeñaron las asociaciones de Padres de Familia. Estas, con características bien distintas a las actuales , asumían algunos costos no solo para funcionamiento sino también para inversión. Obras como la Capilla y la iniciación de la piscina, se realizaron con dineros provenientes de actividades que ellas mismas programaron: festivales, bazares,  “marchas del ladrillo”, entre otras.